CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

sábado, 1 de diciembre de 2012

LA PROSODIA DE LAS PALABRAS LATINAS



1. Regularidad prosódica general.

La regularidad prosódica de los vocablos latinos, según las normas de la prosodia clásica, es un rasgo de carácter general (cf. Normula parr. 2: Latina ...vocabula suam observant quantitatem y 11). Son escasos los hechos prosódicos extraños a la normativa clásica, y remiten en su mayoría a ‘particularidades’ admitidas en el uso del latín quiñentista. Las verdaderas ‘excepciones’ y errores prosódicos resultan prácticamente inapreciables en un vasto conjunto de palabras latinas prosódicamente regulares1.

1. 2. Particularidades prosódicas.

1. 2. 1. Errores prosódicos involuntarios.

Los lapsus de tipo prosódico y métrico son, como se ha sugerido, extremadamente exiguos en Folengo. Estos lapsus se encuentran incluso entre los mayores poetas del Humanismo y son “enventualmente justificables también como huellas de una revisión formal no ultimada”2. Varios de tales errores prosódicos concurren con sus variantes regulares y experimentan una progresiva corrección a través de las sucesivas redacciones de la obra macarrónica folenguiana (redd. P, T, C y V, la última, cuya limae labor quedó incompleta con la muerte del autor). Massimo Zaggia aconseja guiarse con cautela en este terreno y propone hablar de errores imputables a Folengo sólo cuando no sea posible encontrar testimonios de éstos como licencias autorizadas por el uso latino del quinientos, aunque determinar este uso supone de por sí una dificultad añadida.

1. 2. 2. Errores prosódicos voluntarios.

En opinión de Zaggia, “casos como bēne, pārum, tēgi, vĭs (todos recurrentes una o dos veces en las Egl. P o en la Zan. T), parecen más bien intencionales errores prosódicos ya sólo por el cotejo con las testimonios cercanos, dentro de la misma fase redaccional, de las formas correctas běne, părum, těgere, vīs. Evidentemente, estos aislados ‘errores’ no son involuntarios, sino que han sido tolerados o introducidos por el autor como signos de un consciente descuido versificatorio, dentro de una concepción aún técnicamente inmadura del arte macarrónica: nótese de hecho que estos casos se encuentran en su totalidad en la primera o segunda redacción de las Macarroneas, nunca en la tercera o en la cuarta. (Por contra, ciertas anomalías prosódicas muy aisladas de la cuarta red., como vĕlocior en Mosch. C-V II 215, se podrían explicar por el conocida carácter incompleto de la última revisión)”3.

1. 2. 3. Vocablos aparentemente latinos.

Para Zaggia nos encontramos con el traspaso, formalmente inadvertido, de un vocablo latino a su correspondiente vulgar. La voz, aparentemente latina, ha sido realmente tomada del vulgar, y es tratada desde el punto de vista prosódico igual que las palabras obviamente macarrónicas, es decir, con una prosodia arbitraria dentro de ciertos límites. Tal definición puede corresponder con una concepción ampliada del ‘macarronismo semántico’ paoliano, “consistente en el empleo de palabras latinas en forma inalterada con el sentido que la palabra tiene en el correspondiente vocablo vulgar: căsa ‘casa’ (en latín: căsa ‘cabaña’; domus ‘casa’)”4, ya que las palabras se ven alteradas desde el punto de vista prosódico. Así, se encuentra cāsa en Egl. P II 120 con el sentido de ‘casa’, aunque, por otra parte y al menos en las macarroneas menores, aparece siempre bajo la forma regular căsa (dieciseis veces de diecisiete con este sentido). Otros ejemplos con cambio de sentido podemos encontrar en cāvare ‘extraer’ / căvare (lat.: ‘cavar’); pārare ‘empujar, conducir’ / părare (lat.: ‘preparar’), etc., y sin cambio de sentido en pălus / pālus, lat.; mĭca / mīca, lat., etc5.

1. 2. 4. Manipulación formal de vocablos latinos por motivos prosódicos.

En Normula, par. 7 se alude a una manipulación de tipo formal –concretamente a través de la geminación y simplificación de consonantes- realizada sobre ciertos vocablos para sustraerlos a las escansiones obligadas por la correcta prosodia latina. Para Zaggia, “se trata evidentemente de un procedimiento exquisitamente macarrónico, que, no obstante, Folengo quiere cohonestar indicando el conocido ejemplo clásico rĕliquiae / rēlliquiae6.

Aunque la Normula toma un ejemplo del vulgar (cătare / cāttare), este procedimiento se realiza en primer lugar sobre algunos vocablos latinos, como āddunatis (abl. pl.: cf. lat.: ădunare), bătit (pte. ind.; cf. lat.: bāttere), fāmme (abl. sing.; cf. lat.: fămes), tĕrenum (ac. n. sing.; cf. lat.: tērrenum), cuyas formas latinas correctas están también atestiguadas en las Macarroneas menores7.




1 Cf. Ed. Zaggia, p. 650
2 Cf. ed. Zaggia, p. 644
3 Cf. ib., p. 655
4 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 155
5 Cf. Ed. Zaggia, pp. 657-659
6 Cf. ib., p. 659
7 Cf. ed. Zaggia, p. 659-660

domingo, 11 de noviembre de 2012

LA "NORMULA MACARONICA DE SILLABIS"


Es un hecho generalmente admitido fundamentalmente desde los estudios de Ugo Enrico Paoli1 la regularidad prosódica y métrica de la poesía macarrónica folenguiana, basada en normas rigurosas tomadas de la prosodia y métrica latinas. Este hecho la asimila a la contemporánea poesía humanística, y permitía al citado crítico hablar del macarroneo como de un “producto del Humanismo”.

Frente a sus predecesores, Folengo introduce una constante regularidad prosódica y métrica. Los prefolenguianos parecieron ver la necesidad de observar la estructura regular del hexámetro, pero presentaron como un rasgo macarrónico más el no respetar la cantidad de las palabras latinas, ofreciendo largas por breves y breves por largas. Folengo, por contra, extendió, dentro de ciertos límites, este rigor prosódico incluso a las palabras macarrónicas2.

El propio poeta macarrónico, consciente de la novedad de su labor ‘regularizadora’, dejó preciosas indicaciones de ella en una serie de glosas marginales presentes en las redacciones Paganini (1517) y Toscolanense (1521) de sus Macarroneas (luego suprimidas en las redd. Cipadense (1534/1535)  y Vigaso Cocaio (1535) y en una advertencia de carácter general en el prefacio de la red. Toscolanense titulada Normula macaronica de sillabis, atribuída, al igual que las glosas, a Acuario Lodola, ficticio descubridor y editor de la obra de Merlín Cocayo3.

De fundamental interés resulta la Normula, pues en ella Folengo expresa de forma sintética las reglas prosódicas más generales a las que se atuvo en sus macarroneas. La reproducimos aquí según la edición y la división en parágrafos de Massimo Zaggia4:


NORMULA MACARONICA DE SILLABIS

1. Normula sillabarum macaronicarum haec est: ut quaelibet vocabula vulgariter latinizata scribi debent in forma vulgari, sicut ‘orecchia’, ‘occhius’, ‘rozzus’, ‘razza’ et innumerabilia.
2. Latina vero vocabula suam observant quantitatem, ut ‘caballus’, ‘focus’, ‘accendo’ et cetera.
3. Quaelibet dictio macaronica cuius prima sillaba duas habet consonantes non haerentes sequenti sillabae, sunt ad placitum, ut ‘gridare’, ‘sbraiare’, ‘tracagnum’, tamen non succedente vocali, quia tunc brevis esset, ut ‘Briossus’.
4. Quaelibet dictio quae litteram ‘i’ et ‘u’ claudit inter duas vocales, Latine fit longa ut ‘Maia’, sed macaronice fit ad placidum [sic], ut ‘taiare’, ‘sbraiare’ et cetera.
5. Quaelibet adverbia terminantia in ‘-a’, aut in ‘-e’, aut in ‘-o’, Latine sunt longa, quamvis multa in ‘-e’ excipiuntur, sed macaronice sunt ad placitum, ut ‘valde’, ‘longe’, ‘retro’, ‘ultra’, ‘erga’ et cetera.
6. Reliqua vero Latinitatis aut vulgaritatis orthographiam servant; verbi gratia, si hoc nomen ‘aqua’ non potest Latiniter aptari versibus, scribe vulgariter ‘acqua’, tunc de brevi fit longa sillaba.
7. Denique, sicut Vergilius ac ceteri vates in arte poetica potuerunt alterare sillabas autoritate [sic] sua, verbi gratia ‘reliquias’, ita macaronicus poeta non minus hanc auctoritatem possidet circa scientiam et doctrinam propriam, ut ‘catare’ et ‘cattare’, quamvis rarissime.
8. Item macaronice potes duas vocales collidere in medium dictionis, ut ‘curiosus’ trisillabum facere potes, ut stare possit carmen.
9. Item sicut plurima vocabula diferunt [sic] a derivatis suis quantum ad sillabas, ut ‘sedes’ habet primam longam et ‘sedile’ brevem, ‘flagrum’ et ‘flagellum’, ita macaronice dicemus ‘frater’ et ‘fradellus’, ‘cagna’ et ‘cagnola’, et multa alia.
10. Tamen de principio ad finem libri repperies me Latinae poesiae et regulae summa cum diligentia adhaerere.
11. Reliqua vero non bene tibi quadrantia aequo animo feras.
12. Et haec bastabilia sunt quantum ad sillabarum macaronearum regulam.


Una primera aproximación al uso prosódico-métrico del Folengo macarrónico nos coloca frente a algunas licencias inconcebibles en una obra correctamente latina, pero esto no debe hacernos pensar que tal uso se basa en el capricho o la improvisación ocasional: “significa por el contrario que el ‘sistema’ prosódico-métrico del macarrónico folenguiano injerta en un conjunto correctamente latino algunas particulares y bien definidas licencias de sabor absolutamente individual, o sea macarrónico. Admitidas tales licencias, clara y netamente circunscribibles –tanto que se vuelven a su vez normas de validez general [...]-, el ‘sistema’ no resulta demolido, y ni siquiera pierde algo de su rigor interno: deviene, por contra, un ‘sistema’ sui generis, ni más ni menos que el particularísimo ‘sistema’ prosódico-métrico del macarrónico folenguiano [...]”5.

La regularidad de tal sistema, basado en el respeto sustancial de la prosodia latina, hace que algunas de sus reglas fundamentales se extiendan tanto a palabras latinas como a macarrónicas. Así6,

a) el alargamiento por posición de una vocal seguida de dos consonantes (gaiārdum; adōssum; grāttāns).
b) la positio debilis, incluso delante de gn y z (Baldus V V 147: Tǒgnazzus; ib. V 147: Tōgnazzus; Mosch. V III 11: mēzeni; ib. XX 468: mĕzenos).
c) la cantidad larga de los diptongos (maccaronǣam).
d) la regla (aunque con ciertas excepciones7) de vocalis ante vocalem corripitur (păesis; pǐantum).

La regularidad se extiende también a la prosodia de las desinencias de las palabras latinas y macarrónicas, que siguen las normas de la lengua latina no sólo en la forma, sino también en la prosodia. Con todo, existen algunas desinencias prosódicamente anormales, aunque muy limitadas y explicitadas en parte por el propio autor en su Normula par. 5.

En las macarroneas folenguianas formas adverbiales y preposicionales como aliquantŏ, il(l)icŏ, intrŏ, certĕ, furibundĕ, valdĕ, contrǎ, intră, iuxtǎ, etc. concurren con las normativas con vocal final larga. También se ven afectadas las palabras macarrónicas (bravosĕ, lontanĕ, menchionicĕ, pochissimĕ, acasă, damatină, ognhoră, sotosoră, etc.) por esta regla, que se ve extendida no sólo a palabras indeclinables, sino también a la segunda persona sing. del imperativo presente de la primera (sólo con verbos tomados del vulgar como aspettă) y segunda conjugación (aunque dudoso y limitado a dos casos: praebĕ y torquĕ), al ablativo sing. del gerundio (reparandŏ) y a macarronismos de calco como in frottă y per forză. Existen ejemplos de estas anomalías prosódicas en el latín tardoantiguo y medieval, pero en Folengo son descritas claramente como licencias macarrónicas (Normula par. 5: ...macaronice sunt ad placitum)8.





Imagen: la normula macaronica de sillabis en la red. T.


1 Sobre todo en su ya citado libro Il latino maccheronico, pp. 174-199.
2 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 88.
3 Este juego de ficción ilustrado será convenientemente ilustrado cuando describamos con más detalle la obra macarrónica de Folengo.
4 Cf. Ed. Zaggia, p. 643
5 Cf. Ed. Zaggia, pp. 642-643
6 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 175
7 Cf la entrada futura sobre "la prosodia de las palabras macarrónicas".
8 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 179 y ed. Zaggia, pp. 645-649. Debe tenerse en cuenta que Paoli circunscribe sus observaciones a la red. V y Zaggia, por lo general, a las macarroneas menores de las cuatro redd., haciendo alusiones ocasionales al Baldus.

viernes, 5 de octubre de 2012

EL VULGAR TOSCANO EN EL MACARRONEO



Menos estudiado incluso que el elemento dialectal ha sido el vulgar toscano localizable en el macarroneo. Difícilmente calibrable para quienes reducen el híbrido macarrónico a un problema de oposición estilístico-ideológica entre latín y dialecto, es prácticamente dejado pasar in silentio, reducido a un elemento menor de contrapunto paródico.

Sabido es que Pietro Bembo propuso en sus Prose della volgar lingua de 1525 el toscano literario de Petrarca (para la poesía) y Boccaccio (para la prosa) como solución, vencedora a la postre, a la ‘cuestión de la lengua vulgar’. El hecho de que el veneciano Bembo fuera al mismo tiempo el campeón reconocido del humanismo ciceroniano no debe parecer contradictorio, dice Luca Curti, ya que estamos en ambos casos ante la defensa de lenguas ‘muertas’: Petrarca y Boccaccio constituían modelos lingüísticamente homogéneos (frente al plurilingüísmo de Dante, que queda excluído del canon bembesco), pero, sobre todo, “prescritos, acabados, inmodificables”1. Esta normalización lingüística realizada sobre textos escritos tenía graves e inmediatas consecuencias: la propia lengua florentina (la viva, presente y futura) volvía a ser un dialecto, al igual que, y con mayor razón, todas las demás hablas italianas, independientemente del peso que tuvieran o hubiesen tenido.

Aparentemente, pues, el macarroneo (un latinus grossus relleno de vulgarismos y dialectalismos) se colocaba en una perspectiva diametralmente opuesta a la de Bembo, tanto en cuanto latinista ‘ciceroniano’ como en cuanto normativista ‘vulgar’. Mario Pozzi ha expresado claramente la idea del macarroneo folenguiano como fenómeno de resistencia a la normalización toscana: Folengo, reivindicador de todos los lenguajes en la Apologetica de la red. Toscolanense, consigue, gracias a la extrema ductilidad de su instrumento lingüístico, crear una auténtica “literatura latina moderna”2. Pero estos planteamientos difícilmente pueden dar cuenta de la producción vulgar de Folengo, y de hechos como el afán del grassus poeta por ingresar en la Accademia degli Intronati de Siena, donde buscaba, como dice Gianfranco Folena3, reconocimiento a su experiencia literaria toscana. Observa Curti por otra parte que la suerte del macarróneo quedaba ligada al resultado de la pugna entre latín y vulgar por la primacía como lengua de uso culto. La victoria final del vulgar literario privó de vitalidad a la literatura macarrónica y aisló a Folengo en su propia grandeza. Y es esta elección por un vulgar ‘alto’, ‘muerto’ y normalizado un indicio bastante claro de que la operación macarrónica no se realizaba contra la línea representada por Bembo: “Indiferentes (al menos en cuanto macarrónicos) a la cuestión de la lengua vulgar, nuestros autores se encontraban, aunque en posición excéntrica, sobre la línea latina de Bembo: línea derrotada, pero coherente con la que impuso, a su vez, a todos, desde el s. XVI en adelante, la imitación de la lengua trecentista de Petrarca y Boccaccio”4.

Bruno Migliorini ha rastreado palabras del toscano literario en las macarróneas folenguianas, algunas de ellas delatadas por fenómenos fonéticos extraños a los dialectos septentrionales o por glosas explicativas5. Más recientemente, Silvia Isella Brusamolino ha insistido en la necesidad de prestar más atención al componente vulgar de impronta literaria toscana, y a su función en los niveles fonéticos y gráficos del macarróneo6. Massimo Zaggia ha llamado, asimismo, la atención sobre la importante presencia de un componente lingüístico toscano al menos al nivel de las redd. C y V. Las palabras de admiración que emplea Folengo hacia la lengua toscana y su literatura7 obligan, según Zaggia, a replantearse la posición de Folengo hacia la línea toscanizante propuesta por Bembo en 1525 y pronto vencedora: "una posición que no parece sin más ni más polémica o alternativa, sino simplemente autónoma, como la de quien se siente sustancialmente fuera de ese cauce lingüístico y literario (el vínculo, en todo caso, es mayor con la producción en latín). La posición de Folengo parece más bien la de un irreductible individualista que se arroga el derecho de representar en solitario una lengua autónoma, formada por una sabia mezcla de latín y vulgar, este último acogido en diferentes variedades, y principalmente en la más acreditada literariamente"8.







1 Cf. L. CURTI, o.c., p. 143
2 Cf. M. POZZI, o.c., p. 214
3 Cf. G. FOLENA, “Il linguaggio del ‘Caos’”, Atti Convegno 1977, p. 240
4 Cf. L. CURTI, o.c., p. 167
5 Cf. B. MIGLIORINI, o.c., pp. 93-94
6 Cf. S. ISELLA BRUSAMOLINO, “Superficie grafica e strati linguistici nel Baldus del Folengo: un esempio”, Atti Convegno 1991, pp. 195-203
7 Zaggia reproduce una carta de Folengo situada al final de la red. C firmada con el pseudónimo de Nicolò Costanti, llamado -con apodo típico de académico literario- 'el Avinagrado (lo Scorrucciato)', y que reaparece retocada en la red. V atribuida a "Vigaso Cocaio", donde se expresa en este sentido. Transcribimos el fragmento en cuestión: "Era pur cosa sconvenevole ch'una opera così bella, così vaga, così piacevole, come è questa, si perdesse, e forse era maggior danno che se anticamente si fusse perduto Vergilio, o ne' nostri tempi Dante e 'l Petrarca; perché non altro d'haver perduto Vergilio ne seguiva che la perdita d'un buon poeta in una lingua, la quale rimaneva in molti altri, che ben la parlavano, e meglio vi scrivevano; così dico di questi scrittori de la lingua thosca, la quale non è però altro ch'una lingua sola, e da altri belli ingegni, come ogni dì si vede, con loro scritture adornata. Ma perdersi questo (o Dio, che danno incredibile!), si perdeva un bellissimo e ingegnosissimo autore di molte lingue insieme, perché in questa è tessuta la latina, intarsiata la toscana, messa a fregi quella de'macharoni; e che più, che la francese, la spagnola, la todesca e infino a quella de' furfanti vi può fare un fioretto e havervi il loco suo" (cf. M. ZAGGIA, "Breve percorso attraverso le quattro redazioni delle macaronee folenghiane", Atti Convegno 1991, p. 98).
8 Cf. M. ZAGGIA, o.c., p. 99.


sábado, 8 de septiembre de 2012

DIALECTO, REALISMO Y MUNDO POPULAR (III)



Ya en un terreno más puramente lingüístico, Mario Chiesa opina que en Folengo el realismo es un resultado, no una elección. Esta elección tiene que ver más bien con un lenguaje y un género: “Su actitud hacia la tradición rústica no difiere de la que tiene hacia Virgilio: se trata de una adhesión desencantada que asume ciertas tradiciones, las hace reaccionar entre sí, pero sin adherirse nunca plenamente a ninguna, reservándose, por el contrario, siempre la posibilidad de tomar distancias con una sonrisa”1. Folengo, dice, no es un poeta realista como lo entendía De Sanctis, quien lo contraponía a la tradición aúlica bembesca, dado que el dialecto que maneja no es con frecuencia el dialecto vivo de los campesinos, sino el dialecto de la literatura dialecto-expresionista de su tiempo. Prueba de esto se encontraría en las numerosas glosas de la red. T que remiten explícitamente al lenguaje rústico, y que hacen referencia a un preciso filón de literatura popularizante de la época. Así, glosas como “cupantes rustice pro occupantes” (Baldus XI 105), “Lenam pro Helena rustici dicunt” (Zan. 642), “braviarium rustice” (Zan. 1067) ponen en evidencia fenómenos propios de la deformación caricaturesca del género villanesco más que de los dialectos. Otras glosas como “cagasanguis, angonaia, giandussa, codesella sunt rusticorum blasphemiae” (Baldus III 13) reúnen el repertorio consabido de las imprecaciones de los rústicos de la literatura, tal como pueden encontrarse, por ejemplo, en la Maitinada escrita en bresciano por Galeazzo dagli Orzi2.

Una prueba para Chiesa de que el empleo del elemento vulgar no es un fin en sí mismo, está en el moderado empleo que hace Folengo del lenguaje de germanía o de’ furfanti, mencionado en el prefacio de la red. V cuando se hablaba del daño irreparable que supondría la pérdida de la obra de un autor plurilingüe con el que desaparecería una lengua maravillosa:

[...] Ma perdersi questo (o Dio, che danno incredibile) si perdeva un bellissimo e ingegnosissimo autore di molte lingue insieme. Perché in questa è tessuta la latina, intersiata la toscana, messa a fregi quella de’ macaroni. E che più? La franzese, la spagnola, la tedesca, la bergamasca, la cavaiola, e insino a quella de’ furfanti vi può fare un fioretto, e avervi loco. Ma quello che sopra tutto importa è, che questa si meravigliosa lingua è riposta in questo autore, come in specchio, et idea di tal idioma. E senza lui è fredda, muta, stroppiata, disgraziata, e peggio assai, che non sono i macaroni senza botiro [...]

Ciertamente, este lenguaje podría parecer el más apropiado para dar colorido al macarróneo de acuerdo con los criterios de pretendido “abajamiento consciente” expuestos en la Apologetica in sui excusationem de la red. T: “quo magis grossiliora sunt [vocabula] eo magis macaronicam adducunt elegantiam, et tanto plus intelligibilia quanto grossolania”. Sin embargo, este componente tiene una presencia mínima en el macarroneo folenguiano y sólo en las voces más comprensibles3.

Tal limitación es indicio para Chiesa de que las miras de Folengo iban más allá del puro divertimento y de que era consciente de que su lengua podía caer en un “excesivo cerebralismo” (eccessivo cerebralismo). Eran la expresividad y la alusividad que regían su musa, dice Chiesa, lo que impedía que se perdiera en la arbitrariedad de la jerga. De este modo, parece quedar desmentida la declaración de despreocupación por la comprensibilidad de su obra que hace Merlín Cocayo en la Apologetica in sui excusationem de la red. T4 (donde la alusión a lenguajes como el scarpacinum y el spazzacaminum parece afirmar su derecho a servirse de las jergas). El desarrollo de las redacciones sucesivas opera en la dirección contraria, marcada por el uso de un léxico procedente de una koiné dialectal suficientemente conocida y homogénea5.



Imagen: Incipit de la Zanitonella de la redacción Toscolanense de las Macarroneas de Merlín Cocayo.




1 Cf. M. CHIESA, “Del ‘rozzo parlar’”, o.c., p. 154
2 Cf. ib., pp. 155-156
3 Cf. M. CHIESA, “Cingar sciebat zaratanare”, o.c., pp. 122-123
4 Cf. E. BONORA, Retorica e invenzione, pp. 81-82. Se reproduce un texto en el que Merlín Cocayo responde a las críticas de un hipotético lector sobre su uso de palabras mantuanas o brescianas incomprensibles para otros. Merlín dice que al igual que todos no entienden el griego o el hebreo no debe extrañar que no se entiendan estos dialectos: “[...] dicet aliquis: Vocabula fingis, o Merline, quibus patria tua solet uti tantummodo; exempli gratia: “doniare puellas”, “cimare”, “tracagnum”, et cetera, quae tantum aut mantuanice aut bressanice possunt intellegi. Respondeo quod veluti non omnes aut graecum aut hebraeum aut arabicum aut chaldaeum aut denique latinum simul intelligunt, ita nil mirum si cuncti mantuanicum aut florentinicum aut bergamascum aut todescum aut sguizzarum aut scarpacinum aut spazzacaminum minime sciunt pariter intelligere. Ut quid ordinantur commentatores ac linguarum interpretes? Ut quid translatores? Proculdubio causa splanandi linguarum incognoventiam”. Bonora relaciona este texto con un juicio del filósofo Pomponazzi, contemporáneo de Folengo y famoso por sus lecciones universitarias híbridas, donde sí se afirma expresamente la identidad de valor de todas las lenguas (cf. ib., p. 82 n.1). Esta afirmación e silentio deducida de tal texto (“con tono paradossalmente polemico” decía en su libro de 1956 [p.80]) le sirve a Bonora para situar en un mismo plano de igualdad a todos los componentes del macarroneo.
5 Cf. M. CHIESA, o.c., p. 124

sábado, 1 de septiembre de 2012

DIALECTO, REALISMO Y MUNDO POPULAR (II)



Han sido escasas las voces que se han alzado contra la idea de un Folengo cuya presunta defensa del dialecto le hace también defensor del mundo popular, sobre todo campesino. Giuseppe Billanovich llama la atención sobre la hostilidad anticampesina presente en la red. T1; a esto añade Paoli el tema de una omnipresente misoginia2. Por otro lado, Cesare Federico Goffis considera lugares comunes el discurso sobre la realidad aldeana y la concritud del lenguaje macarrónico: en el Baldus no hay una observación inmediata de lo real, como se ha dicho con demasiada frecuencia, sino la asunción de lo real en la creación de un irreal novísimo, donde los ideales abstractos de la ética caballeresca, que, lejos de ser parodiados, son continuamente exaltados, tienen como contrapunto la realidad del mundo campesino del que el autor saca el material que hace concreto su relato. Los personajes campesinos “son instrumentalizados para crear una contraparte, la urdimbre de avidez o de dolor, de estupidez, de fatiga o de alegría sobre el que se desarrolla la acción. Incluso Berto, protagonista del célebre idilio, tiene una función precisa en la vida de Baldo, y está limitado por su necesidad de desaparecer pronto”3. En nuestro país, Francisco Márquez Villanueva ha estudiado las relaciones existentes entre Folengo, Cervantes y la tradición caballeresca4. Afirma que ha sido la presencia de elementos cómicos en el Baldus la que ha llevado a muchos críticos italianos a concebirlo como parodia caballeresca. Márquez Villanueva, empero, acredita documentalmente que este elemento cómico esta presente hasta en las gestas medievales más puras5. Respecto a la actitud de Folengo hacia el mundo campesino, introduce un punto de vista inesperado al establecer un paralelismo entre las experiencias vitales de Folengo y Cervantes6:

[...] Es curioso cómo ambos [Folengo y Cervantes] coincidieron en verse relegados a actividades impropias, que los obligaron a vivir en roce diario con las artimañas y picardías de la gente campesina: Folengo, de cellelario o despensero de su convento de Brescia, y Cervantes en el no menos prosaico oficio de comisario fiscal. Pero uno sólo saca de la experiencia odio y desprecio al labrador, mientras que el otro (superando, además, la tradición literaria del rústico prelopista) aprende a amarlo y a divertirse con sus debilidades. Folengo termina así con Zambello y Cervantes con Sancho Panza.

Cualesquiera que sean las conclusiones, como se ve contradictorias, que se puedan extraer de las interpretaciones psicológicas de la obra y la sin duda intrincada personalidad de Folengo, es un hecho que la tradicional ‘sátira contra el villano’está presente en toda la obra folenguiana, y esto no vendrán a cambiarlo los añadidos de la red. C.

La concepción ‘realista’ y filodialectal del macarróneo recibió un nuevo e inusitado empuje con la aplicación que hicieron Segre, y sobre todo, Paccagnella de las metáforas reduccionistas de Bakhtin. Observa Paccagnella en los macarrónicos paduanos, de estirpe goliárdica, la búsqueda de una línea de realismo corporal y grotesco7, donde, frente a todo lo abstracto y elevado de la cultura oficial, adquiere carta de naturaleza el llamado “principio material y corporal”, propio del pueblo, que es el principio de la fiesta, del banquete y de la alegría8. Parafraseando a Bakhtin dice que el abajamiento, cuyo instrumento es la risa, es el principio artístico esencial del realismo grotesco de la poesía macarrónica9. La acción de abajar pone en contacto con los “bajos materiales y corporales” (le bas matériel et corporel), es decir, “con la vida de la parte inferior del cuerpo, la del vientre y de los órganos genitales, y por tanto con actos como la cópula, la concepción, el embarazo, el parto, la absorción de comida, la satisfacción de las necesidades naturales”10. Así, Paccagnella coloca el punto máximo de abajamiento (y, lingüístamente, el máximo recurso al componente dialectal) en la prolija presencia de términos de los campos semánticos sexuo-gastronómico y escatológico, y el clímax de lo grotesco en los retratos caricaturescos de personajes dominados por irrefrenables pulsiones sexuales y gástricas11. Define, pues, la producción macarrónica como de carácter erótico-convivial, donde la implicación sexo-comida, hambre biológica-libido es inmediata12. Estas teorías resultan de más difícil aplicación a la obra de fray Teófilo, carente de las salaces crudezas de los paduanos. Los críticos han incidido entonces en el tratamiento del tema alimenticio en las macarroneas folenguianas13. La recurrencia de este tema (musas cocineras que viven en un país de Jauja lleno de alimentos, prolijas descripciones de banquetes y recetas culinarias, el retrato del grassus poeta Merlín Cocayo, innumerables metáforas y comparaciones ‘comestibles’ a decir de Bakhtin, etc.) ha llevado a Emilio Faccioli a decir, un tanto hiperbólicamente, que en las Maccheronee de Teófilo Folengo la comida “se vuelve protagonista absoluto de una epopeya que describe por entero el ciclo de la actividad nutritiva, de la fase de la producción de la comida misma al momento de su comercio, confección, degustación, consumo, digestión y final evacuación”14 y que esta ‘Biblia del paladar’escrita por Merlín Cocayo es una “representación jocosa y triunfal de lo que Michail Bachtin ha definido como il basso materiale-corporeo15. No obstante, el propio Bakhtin, a pesar de afirmar que las imágenes de banquete representan un papel capital en Folengo, sólo les reconoce un carácter atenuado y limitado (affaibli et rétréci), por la predominancia del elemento estrechamente literario: “la alegría triunfante del banquete ha degenerado, no hay ningún universalismo auténtico, y el aspecto de utopía popular está igualmente casi ausente”16. En España, Francisco Márquez Villanueva analiza la morosa descripción de la preparación del banquete en la corte del rey de Francia que se lee en el libro primero del Baldus, tomándola como “esquema sugeridor” de los preparativos para los agasajos culinarios de las bodas de Camacho de la segunda parte del Quijote17:

Folengo nos sirve a lo largo de más de cien hexámetros (395-514) una monstruosa summa gastronómica que es sin duda uno de los fragmentos inolvidables de su largo poema. Late ahí un recuerdo de la soñada abundancia del país de Cucaña, versión popular del mito humanista de la Edad de Oro (en España, La tierra de Jauja, según el paso de Lope de Rueda). Pero su verdadero propósito no es el de reelaborar dicho tema ni el de enaltecer los placeres de la mesa, sino más bien el de ahitar al lector con la sugestión de tan gigantesco amontonamiento de comida. En el fondo estamos ante el sutil contrabando de un sermón contra la gula, predicado dentro de un espíritu cuaresmal y ajeno de toda alegría rabelesiana. Las repetidas notas de la suciedad y desorden que dominan el ajetreo culinario apuntan de un modo claro a producir una repulsión asqueada ante el desenfreno de la glotonería. Cervantes ha sentido el comprensible acicate de reelaborar un tema famoso y admirablemente resuelto por la tradición literaria de su época, pero el análisis de la fuente comienza a rendir su fruto cuando comprobamos la medida en que ésta deja de ser válida. Desinteresado en prédicas ni en fórmulas simplistas, Cervantes adelgaza la pluma para pintar un convite generoso hasta la exageración, pero concebido dentro del módulo “humano” de una simpática fiesta rústica [...] Cervantes no va, pues, tras ninguna moraleja disfrazada de gigantismo: la abundancia de su banquete se define como sanamente apetitosa sin otra finalidad ulterior. La faena culinaria se hace con eficacia, buen humor y pulcritud ejemplares por cocineros y cocineras, “todos limpios, todos diligentes y todos contentos”, serie adjetival que adquiere pleno relieve en cuanto signo de un contraste deliberado respecto a las notas esenciales del esquema sugeridor, en que todo era porquería, desorden y pescozones.

En estos mismos argumentos recaba agudamente Angela Piscini, quien reconoce puntos de contacto evidente entre el retrato macarrónico y la teoría bakhtiniana del realismo grotesco ejemplificada en Rabelais. No obstante, “las diferencias parecen evidentes: en primer lugar la imposibilidad de inserir los textos prefolenguianos en una literatura que extrae su espíritu del clima de la fiesta popular, del Carnaval, de la cultura alternativa al poder. Frente al repertorio de una “tradición ideológica de la risa” las macarroneas del  s. XV representan un momento débil, contradictorio, sólo superficialmente ligado al espíritu del Carnaval. Dice Bachtin: “La puissante tendance à l’ abondance et à l’universalité est présente dans chacune des images du boire et du manger [...] elle détermine la mise en forme de ces images, leur hyperbolisme positif, leur ton triomphal et joyeux”. Ciertamente el espíritu de la fiesta, el aspecto jocoso, creativo, que la figura del cuerpo grotesco asume en el carnaval bachtiniano está ausente de la macarronea cuatrocentista, como está ausente del Baldus. Las imágenes del cuerpo revelan en conjunto la voluntad de representar una degradación en acto: nada vital o vitalista las connota, sino la obsesión por lo deforme, lo obsceno y lo corrupto. No dan idea de la búsqueda de una orgánica plenitud, de una forma rica y total; ausente está, por ejemplo, toda la temática del banquete como restauración de las fuerzas, recompensa jocosa a la fatiga; ausente está también la imagen de la generación (ni siquiera a través del derroche sexual) que aparece solamente en la Macaronea Medicinalis (v. 930). A lo más, la indagación “anatómica” descubre la causa primera de la corrupción en la hiperbólica dimensión de la vida sexual. Así, leyendo el retrato de la “massara” en la Macaronea de Tifi o la descripción del ménage conyugal del poema de Bartolotti nos percatamos de que la obscenidad es tan complacida y minuciosa que destruye la compacta superficie corpórea para revelar el interno, secreto funcionamiento de un organismo en los umbrales de la putrefacción. En el cuerpo los detalles anatómicos son llevados a la luz, donde se muestran bullentes de vida animal, de insectos, de gusanos... allende el cuerpo aparece el cadaver, el esqueleto; más bien que a la imagen de la fiesta popular el pensamiento corre a la danza macabra, a ciertas frases misóginas de los tratados De contemptu mundi, a las medievales figuraciones de la muerte”18.








1 Cf. G. BILLANOVICH, Tra don Teofilo Folengo e Merlin Cocaio, Napoli 1948, pp. 77-78 cit. por L. CURTI, o.c., p. 151
2 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 123
3 Cf. C. F. GOFFIS, “La contestazione...”, p. 108
4 Cf. F. MÁRQUEZ VILLANUEVA, o.c., pp. 334-347
5 Cf. ib., p. 340. Añade Márquez que "los paradigmas de la literatura caballeresca son fundamentales, claramente reconocibles en Folengo, y hasta una situación que a primera vista se antoja estrafalaria, como el amparo del labrador Berto a la princesa Baldovina y a Baldo, reproduce exactamente la inicial de la gesta Macaire (s. XIII). Dichos paradigmas pueden servirle como vehículos de burlas, pero nunca representan el objetivo o blanco a que éstas apuntan [...] Esta exageración del Hectorior, el Orlandior y el Sansonior haría reír al humanista sazonado, pero no refleja sombra ni descrédito alguno sobre la figura y heroísmos de Baldo. A lo largo del poema la caballería sólo sufre, y aun así en grado mínimo, del general e inevitable baño de prosaísmo implícito en el juego culto del tratamiento macarrónico. El lector moderno se desconcierta por completo cuando, tras la lectura de los tres o cuatro primeros libros, advierte hallarse ante la paradoja de un poema que, aunque empedrado de caracajadas, trata a sus héroes con la mayor admiración, es decir, una experiencia similar a la de Cervantes con los paladines incongruos del Espejo de Caballerías. Folengo continúa al servicio del más arcaico ideal de caballería cristiana según su encarnación por el mismo Baldo, caballero sin miedo y sin tacha que camina en línea recta hacia la santidad, lo mismo que algunos de sus tatarabuelos literarios" (cf. o.c., pp. 344, 346).
6 Cf. F. MÁRQUEZ VILLANUEVA, o.c., p. 349
7 Cf. I. PACCAGNELLA, Le Macaronee..., p. 69
8 Cf. M. BAKHTINE, o.c., pp. 28-29
9 Cf. I. PACCAGNELLA, o.c., p. 75 y n. 20, donde cita a M. BAKHTINE, o.c., p. 20
10 Cf. M. BAKHTINE, o.c., p. 30.
11 Cf. I. PACCAGNELLA, o.c., pp. 78-79
12 Cf. ib., p. 81
13 Cf. M. JEANNERET, “Ma patrie est une citrouille. Thèmes alimentaires dans Rabelais et Folengo”, Études de lettres, 1984/2, pp. 25-44; IDEM, “Latin de cuisine et poésie macaronique”, Des mets et des mots. Banquets et propos de table à la Renaissance, Corti, Paris 1987, pp. 191-219; G. PARENTI, “Phantasia plus quam phantastica” e l’ispirazione del “Baldus”, F. GAVAZZENI-G. GORNI (edd.), Le tradizioni del testo. Studi di letteratura italiana offerti a Domenico De Robertis, Ricciardi, Milano-Napoli 1993, pp. 147-172. Para Michel Jeanneret, la comida es un centro de gravedad en el Baldus, concretamente bajo el signo de la cocina, (asociada tradicionalmente al experimentalismo y contaminación lingüística -recuérdense los conceptos de latín de cocina y sus variantes coquinaria latinitas, culinaria lingua, orationes popinariae-), en cuanto representa una intersección entre la naturaleza y el arte: el buen uso de la comida marca el punto de equilibrio ideal entre la pulsión natural y la sumisión a un orden. Lo alimenticio, pues, en Folengo, a pesar de ser un registro tradicionalmente vulgar para rebajar lo sublime al nivel de las necesidades materiales, no está reducido a esta función, sino que traza un programa que absorbe las oposiciones en búsqueda de una sabiduría totalizante donde se resumen lo alto y lo bajo.
14 Cf. E. FACCIOLI, “Le fonti letterarie della storia dell’alimentazione nel Basso Medioevo”, Archeologia medievale, VIII, 1981 (Problemi di storia dell’alimentazione nell’Italia medievale), p. 71
15 Cf. E. FACCIOLI, o.c., p. 71
16 Cf. M. BAKHTINE, o.c., p. 298
17 Cf. F. MÁRQUEZ VILLANUEVA, o.c., pp. 291-293
18 Cf. A. PISCINI, o.c., pp. 387-388

sábado, 25 de agosto de 2012

DIALECTO, REALISMO Y MUNDO POPULAR (I)




Indisolublemente unida (al menos históricamente) a la opinión que hace de Folengo un “poeta dialectal” es la de la actitud positiva de los macarrónicos en general hacia el mundo popular en cuanto fuente del dialecto. En la base de esta interpretación señala Luca Curti la idea del “realismo” macarrónico defendida desde De Sanctis, que dio bríos a la lectura rebelde y transgresiva frente a las tradiciones latina y toscana, unida a la interpretación ‘continuista’del macarrónico respecto a la tradición del sermo humilis.1 Resulta, pues, fundamental en la elucidación de la función del elemento dialectal en el desarrollo literario del híbrido macarrónico analizar algunas consecuencias teóricas del realismo, a veces de tintes polémicos, que se le coloca como fundamento. Es éste el que produce, por ejemplo, la idea desanctiniana de una parodia caballeresca en el Baldus2 y el que lleva al ilustre folenguista Attilio Momigliano3 a trazar una célebre división de la obra magna de Folengo en dos partes: una primera, realista, en la que se describen las andanzas del campeador Baldo, y sobre todo las de su pícaro compañero Cingar, deuteragonista del libro, en su entorno campesino y urbano; y una segunda, paródica, en la que Baldo y sus compañeros se alejan de su terruño para adentrarse en una geografía fantástica donde descomunales aventuras les conducen finalmente a un descenso ad inferos que tiene como designio la destrucción del Mal4. Para otro veterano de los estudios folenguianos, Carlo Cordié, la primera parte del Baldus es la más lograda porque en ella, libre de elementos paródicos caballerescos, es patente la observación bonachona de la realidad que atribuye a Folengo y que considera su verdadero logro poético5. Quizás por el hecho aparentemente paradójico de que el resto de personajes populares son satirizados, a veces brutalmente, por su ignorancia, su codicia malévola o su lascivia, Cordié centra su análisis en Berto Panada, que protagoniza un pequeño episodio insertado en el libro II de la red. C y que tiene su fuente en una obra vulgar de Folengo, el Orlandino.6 El campesino Berto Panada (pescador originariamente) acoge humildemente a la pareja de enamorados fugitivos Guido y Baldovina (Milone y Berta en el Orlandino), hija del rey de Francia que dará a luz en su cabaña al héroe Baldo. Ésta última, que moría a consecuencias del parto en las redd. P y T, sobrevive en la C y V para criar a su hijo bajo la casta protección de Panada, mientras que el caballero Guido parte indefectiblemente en busca de aventuras. Para Cordié este episodio, donde hay sobre todo bondad de corazón (vontà di cuore), está lleno de humanidad e íntima comprensión de la vida, y con él se inicia y se termina el verdadero mundo del arte folenguiana, prisionero de su primera intención jocosa o paródica. En el análisis de este episodio, que se convierte en un déjà vu inevitable para quien se asome siquiera superficialmente a la bibliografía folenguiana, vienen a coincidir en líneas generales autores como Benedetto Croce, Ettore Bonora y Giuseppe Tonna. Croce7, no obstante, expresa sus reservas tanto a una interpretación paródica de lo caballeresco8 como a una representativa de la vida rústica. Bonora considera que en la primera parte del Baldus, la más poética, la vena caricaturesca y el uso de la lengua macarrónica responden a una concepción cordial y humana de los personajes y su ambiente9. Pese a que los personajes populares como Zambello, zafio hermanastro sometido a Baldo, y como Tognazzo, autoridad local enamorada de la esposa de Baldo, son ridiculizados y finalmente castigados por maquinar el encarcelamiento ignominioso de éste, Bonora dice que Folengo revive al mismo tiempo su infelicidad inmerecida y su coherencia íntima, de acuerdo con la compasión hacia los humildes que se esconde tras su comicidad10. En estos habitantes del pueblo de Cipada, cercano a Mantua, representa Folengo la mal comprendida realidad del mundo campesino11. Si cede ciertamente a los lugares comunes de la sátira contra el villano es en la medida en que representa la actitud de los personajes ciudadanos hacia los campesinos que los visitan (Zambello, Tognazzo)12. Respecto al tema de la parodia caballeresca, Bonora considera que la representación del mundo campesino no subvierte los esquemas tradicionales de la narrativa caballeresca, y que en el Baldus no existe ni una cínica negación de la caballería ni una caricatura del mundo popular. Baldo encarna el juego de contrastes entre el ideal caballeresco y el mundo de la densa realidad campesina13: héroe de gesta, viene a nacer accidentalmente en Cipada, donde realiza sus primeras hazañas infantiles. Ahogado por los convencionalismos legales y sociales (de los que Tognazzo es el defensor) propios de la vida campesina y urbana, buscará compañía en personajes marginales y grotescos (el delincuente Cingar, el gigante Fracasso, Falchetto, mitad hombre, mitad perro) con los que desarrollará sus aventuras épicas en la segunda parte de la obra. Más matizada resulta la posición de Giuseppe Tonna. Éste previene contra la tentación de leer a Folengo a la luz de nuestra ideología, como en el caso de Zambello, quien, sometido a la voluntad caprichosa de su hermanastro Baldo, parece simbolizar las ocasionales rebeliones de los campesinos del s. XVI en la suya personal contra Baldo. Todo esto no casa ciertamente con la brutalidad y desenfado con que Folengo describe el fin de Zambello a manos de Baldo, estrangulado igual que un pollo14. Lo que nuestra conciencia moral y nuestra educación política ven de injusticia en el maltrato de Baldo a Zambello, es, para el poeta cantor de la proezas de un noble, justicia15. En opinión de Tonna, “el mundo campesino folenguiano se configura así, ya desde la Toscolana, como alteridad respecto a los ideales caballerescos y a los ideales religiosos de los que el poeta se hace portavoz a través de sus personajes predilectos, Baldo y con alguna perplejidad, por otra parte confesada, Cingar”16. En este contexto, el personaje de Berto Panada adquiere sentido como contrapeso de los personajes en negativo de Zambello y Tognazzo, encarnaciones de la necedad y la vanidad presuntuosa, “para dar un cuadro más articulado, más plausible de la vida del campo”17. De tal modo, la ideología anticampesina de la red. T se atenúa con el madurar de los años y enmudece en la figura de Berto Panada. Concluye Tonna afirmando que en una villa como Cipada, donde los campesinos citan hemistiquios de Virgilio y emplean voces bergamascas “el mundo campesino, definido no obstante en su realidad de situaciones, de ambiente y de habla, tiende a hacerse emblema de un desorden más vasto: y su figuración, entendida en esta perspectiva, no se contrapone con un corte neto a las andanzas de la segunda parte del poema, las aventuras en el mar y en el infierno, sino que es, aunque más gruesamente trazado, su antecedente y vía”18. Con la supuesta adhesión folenguiana, sentimental o ideológica, al mundo popular coincide también el Segre de 1977, aunque advertía ya que no se debía sobrevalorar el elemento dialectal como signo de una posición potencial o efectivamente popular19.





1 Cf. L. CURTI, o.c., p. 148-149
2 Cf. F. MÁRQUEZ VILLANUEVA, o.c., p. 342 n. 114
3 Cf. A. MOMIGLIANO, Storia della letteratura italiana, 3ªed., Messina 1938, pp. 193-194 cit. por B. CROCE, Poeti e scrittori del pieno e del tardo Rinascimento, vol. I, Laterza & figli, Bari 1945, p. 165.
4 En la redd. T, C y V la primera parte corresponde a los libros I al X, y la segunda a los libros XI al XXV.
5 Cf. C. CORDIÉ, “Il linguaggio maccheronico e l’arte del “Baldus”, Archivum Romanicum, XXI n.1, 1937, pp. 1-79, esp. 71-79.
6 Cf. C. CORDIÉ, o.c., p. 76 n.4; “Metamorfosi di Berto Panata (noterella folenghiana)”, GSLI, CXXIV, 1947, pp. 35-58; “Berto Panada, personaggio folenghiano”, L’albero, XXXV / 2, 1982, pp. 64-69. Sobre el Orlandino como fuente del episodio de Berto cf. también M. CHIESA, “Una fonte dell’ “Orlandino” e del “Baldus”, Atti Convegno 1977, p. 259 (artículo recogido en el libro Teofilo Folengo tra la cella e la piazza con el título “Dai cantari dell’infanzia di Orlando all’ “Orlandino”, e al “Baldus”, pp. 36-41) quien atribuye a contaminación de géneros la creación de la figura inaudita de un “villano cortés”: “Della metamorfosi di Berto ha già detto Carlo Cordié; qui si può ribadire che questa metamorfosi avviene nel bozzolo dell’Orlandino. Se nel poemetto è fortissima la satira contro il villano con l’episodio di quello che, scortese, rifiuta il cavallo a Milone e Berta, offrendo lo spunto per narrare l’insultante favola sull’origine dei villani (V, 54-62), ci sono già, nella figura del pescatore e in quella del pastore, tutti gli elementi che concorreranno a disegnare la figura di Berto, “villano cortese”. E si ha qui una prova di quanto la lingua fosse vincolante per il Folengo e quale libertà gli offrisse il macaronico. Le due figure del pescatore (V, 65-VI, 7) e del pastore (VI, 49-VII, 20) hanno i loro archetipi nella tradizione delle egloghe piscatorie e pastorali e nel poemetto in lingua restano legate alla loro anagrafe letterarie. Nella Macaronea grazie alla contaminazione dei generi che la caratterizza possono addirittura dar vita alla figura inaudita di un “villano cortese”.
7 Cf. B. CROCE, o.c., p. 162
8 Otros autores contrarios a esta interpretación son T. Parodi, F. Salsano y R. Ramat (cf. F. MÁRQUEZ VILLANUEVA, o.c., p. 343 n. 114).
9 Cf. E. BONORA, Ritratti..., pp. 116, 129
10 Cf. E. BONORA, o.c., pp. 129-137
11 Cf. E. BONORA, “Il mondo...”, p. 48
12 Cf. E. BONORA, o.c., p. 60
13 Cf. E. BONORA, o.c., pp. 62-63
14 Cf. G. TONNA, “Il mondo contadino nel Baldus: ideologia e struttura”, Atti Convegno 1980, pp. 41-42. El episodio de la muerte de Zambello puede leerse en Baldus V XI 415-421, ed. Faccioli, p. 386: “Baldus per collum, dum passat, corripit illum / ac destrezza illa, qua nibius atque poiana / de tellure levat sorichettum forte vedutum, / sic super arzonem Zambellum Baldus aferrat, / perque pedes brancans dextra, per colla sinistra / ut brancare solet mazzans fantesca galinam, / strangolat heu miserum mandatque trovare Chiarinam” (Esta Chiarina con la que va a encontrarse Zambello es una vaca que le timaron y se comieron unos frailes desaprensivos haciéndole creer que era una cabra mediante el falso testimonio de un tercero también fraile cf. Baldus V VIII.).
15 Cf. G. TONNA, o.c., p. 44. Para éste (p. 45), la actitud de fondo de Folengo hacia la realidad campesina puede verse claramente en la glosa a Baldus T II 495-496: “Zambellus voluit de Baldo saepe dolere, / sed metuit solitum spallis tentare tracagnum”, donde se planteaba esta cuestión moral: “Quaeritur quare Baldus sic pius et prudens, creditum germanum tam male tractabat. Audi Platonem: vir naturaliter gentilis vilanum abhorrere cogitur”
16 Cf. G. TONNA, o.c., p. 46
17 Cf. ib., p. 46
18 Cf. ib., p. 52
19 Cf. C. SEGRE, o.c., p. 69

sábado, 28 de julio de 2012

LA FUNCIÓN DEL COMPONENTE DIALECTAL EN EL MACARRONEO



El tratamiento dado al componente dialectal y su función dentro del conglomerado macarrónico ya ha sido en parte ilustrado en el estudio del componente latino del macarroneo. Los defensores de la interpretación paródica del elemento latino como Bonora y Paccagnella revalorizan el elemento dialectal, y consideran imprescindible trazar las relaciones precisas que tiene el macarroneo con la literatura dialectal dentro de la gran crisis lingüística del siglo XV en el norte de Italia. Bonora1 retrotrae contra Croce el comienzo de la literatura dialectal consciente de comienzos del siglo XVII a la época del “paradialectal” Folengo y de Ruzzante, cuyas conciencias críticas se manifestaban a través de las pautas polémicas marcadas contra la poesía toscana, de acuerdo con sus teorías de la dignidad pareja de todas las lenguas y, desde luego, de las jergas, atribuyendo al dialecto la “snaturalité”2 que en la lengua literaria parecía, no erróneamente, estar comprometida. Paccagnella, por su parte, considera que la poesía macarrónica, incluída la de Folengo, y la poesía dialectal de Padua representan los dos polos de la reacción antihumanista que utiliza como elemento rompedor el ambiente campesino y el dialecto3. Para demostrar esto señala una serie de convergencias que prueban la unidad de desarrollo de estas dos formas poéticas como momentos de una bien definida parodia lingüística4. El desarrollo literario del macarroneo aparece, pues, como “un juego intelectual (reacción anticlásica de los ambientes estudiantiles ya avezados en la sátira académica) insertado, empero, en una tradición popular negadora de toda separación estilística”5.




1 Cf. E. BONORA, “Letteratura dialettale e letteratura nazionale prima dell’Unità”, GSLI, CLXVII, 1990, pp. 481-504, esp. pp. 482, 495, 497,500.
2 El dilema entre norma toscana / dialecto corresponde en Ruzzante a la oposición entre lingua ‘moscheta’ y ‘snaturalité’ pavana cf. L. LAZZERINI, “Per latinos...”, p. 262 n. 1. El propio Bonora hacía referencia años antes al carácter de esta oposición: “[...] Le dispute dei teorici e le scelte stesse degli scrittori portavano sovente a irrigidire polemicamente la difesa dell’una o dell’altra lingua; si transferiva infatti nell’ambito delle questioni linguistiche la più ampia discussione sul primato dell’arte o della natura, e il primato accordato alla lingua letteraria sia latina sia volgare, oppure a una delle parlate vive e dialettali implicava una opzione per l’arte o al contrario per la naturalezza” (cf. E. BONORA, Ritratti letterari del Cinquecento: Baldassare Castiglione, Francesco Berni, Pietro Aretino, Teofilo Folengo, Camillo Scroffa, Lorenzino de Medici, Benvenuto Cellini, La goliardica, Milano 1964, p. 139).
3 Cf. I. PACCAGNELLA, Le Macaronee..., p. 63
4 Paccagnella traza relaciones entre composiciones dialectales como El testamento de Sier Perenzon y la Tosontea (pp. 63-65) y los Tre mariazi da Padova y El contrasto del matrimonio de Tuogno e de la Tamia con la Macaronea de Tifi (pp. 65-67).
5 Cf. I. PACCAGNELLA, o.c., p. 68

domingo, 22 de julio de 2012

LA PISTA DIALECTAL EN MERLÍN COCAYO



Más compleja resulta la pista dialectal en el mantuano Folengo: señala Silvia Isella Brusamolino que emplea no un solo dialecto, sino una pluralidad de hablas municipales, aunque prevalezcan aquellas de un área claramente identificable como Lombardía oriental, y específicamente la mantuana. Otras voces de un ámbito más amplio, generalmente lombardo o emiliano, están en Folengo porque son “también” mantuanas. En opinión de la estudiosa italiana existe en Folengo una voluntad municipal: si el público privilegiado es el mantuano (y junto a él el bresciano), no queda excluído, empero, uno más vasto que no va, de todos modos, más allá del área padano-véneta1.

Ha sido Giuseppe Billanovich el que ha dado las razones biográficas de esta amplitud de elección dialectal en Folengo2. Éste, nacido en Mantua en 1491 hijo de un notario, entró como novicio en 1508 en el monasterio bresciano de Santa Eufemia, donde profesó un año después. Ciudadano de Mantua por nacimiento y de Brescia por su profesión monástica, su pertenencia a la congregación benedictina del Monte Casino lo convirtió en ciudadano de Italia, pues a través de la enorme red de la congregación Folengo fue transferido periódicamente, como cualquier otro de sus compañeros, de monasterio en monasterio: de Santa Eufemia a San Benedetto Po en Mantua, a Santa María del Monte en Cesena, a Santa María en Pomposa; y también –después que él y Giambattista, su hermano carnal y en religión, hubieran acabado de vagar fuera de la congregación como peregrinos a lo largo de casi toda Italia- a San Martino delle Scale en Palermo, y de allí al límite septentrional del dominio de San Marco, en el priorado, dependiente de San Benedetto Po, de Santa Croce en Campese, donde lo tomó la muerte en 1544. Fue así la compacta congregación, dice Billanovich, la que proporcionó a Folengo los dos componentes capitales para un poeta macarrónico: “una perfecta academia, especialmente en la notable escuela de San Benedetto Po, de cultura latina y griega y la inmersión total, a través de las gestiones agrarias de la congregación que ejercía como subcellerarius, en la vida rústica, en contacto continuo e inmediato con hombres y animales”3.

Esta amplitud de elección dialectal en Folengo es intencionalmente manejada y delimitada por razones estilísticas, como ya señalara Ettore Bonora en su clásico de 1956. Del mismo famoso texto de la Apologetica de la red. T de la que deducía una defensa folenguiana de todas las lenguas “con un tono paradójicamente polémico”4 extraía Bonora “el principio de una poética que buscaba la asimilación en el personalísimo lenguaje de cuantos elementos conservaran la impronta de lo característico y lo expresivo”5. De este modo rechazaba la sobrevaloración que hacía Alessandro Luzio del papel del dialecto bresciano en el macarroneo folenguiano, casi en pie de igualdad con el mantuano. Aun concediendo su presencia en notas marginales de la red. T: “Tracagnum mantuanice, trusum bressanice, trambaium graece, truncum latine” (Baldus T II 499); “Cagasanguis veroniace, beroldus mantuanice, zamborgninus bressanice, sanguanazzus communiter” (id. V 506); “Brodeccus bressanice, brodicus mantuanice, foedus latine, malnettus vulgariter” (id. XIV 119), etc., llamaba Bonora la atención sobre dos hechos: “en la mayor parte de las glosas el término bresciano es registrado con otros de distinta procedencia por la acostumbrada complacencia en las variaciones, y las glosas en sí representan, más que momentos de inspiración poética, divertimentos filológicos en los que hasta el recochineo y la complacencia en las mixtificaciones tienen su parte”6. No es la experiencia que pudiera tener el autor de tal o cual dialecto la que determina su presencia en el macarroneo, sino el colorido que pudieran añadir a un lenguaje marcado por una expresividad, “fundada sobre lo característico y lo pintoresco”,7 que se extremiza en la red. T. Así, el bresciano, en cuanto dialecto lombardo, fue usado como un color que reforzaba y variaba el elemento dialectal mantuano8. Aun así, no pocos brescianismos pertenecen también a otros dialectos lombardos, como el cremonés y el milanés. La búsqueda de un aumento de lo pintoresco en la red. T lleva a Folengo a servirse de formas anticuadas del propio mantuano, y de notas de color procedentes de otros dialectos septentrionales como el cremonés, milanés y bergamasco, de otras regiones italianas, e incluso de lenguas extranjeras, como el francés, el español, el alemán y voces balcánicas. Concluye Bonora que el respeto por el realismo lingüístico que refleja personajes y ambientes “es menos importante que el placer de inventar y colorear extravagantemente las palabras cuando el poeta se ha cerciorado de la originalidad de su lengua”9.







1 Cf. S. ISELLA BRUSAMOLINO, o.c., p. 131
2 Cf. G. BILLANOVICH, “Spiritualità e cultura nei monasteri bresciani e Teofilo Folengo monaco a Brescia”, Atti Convegno 1980, pp. 33-40
3 Cf. G. BILLANOVICH, o.c., p. 39
4 Cf. E. BONORA, Retorica e invenzione..., pp. 81-82. Se reproduce un texto en el que Merlín Cocayo responde a las críticas de un hipotético lector sobre su uso de palabras mantuanas o brescianas incomprensibles para otros. Merlín dice que al igual que todos no entienden el griego o el hebreo no debe extrañar que no se entiendan estos dialectos: “[...] dicet aliquis: Vocabula fingis, o Merline, quibus patria tua solet uti tantummodo; exempli gratia: “doniare puellas”, “cimare”, “tracagnum”, et cetera, quae tantum aut mantuanice aut bressanice possunt intellegi. Respondeo quod veluti non omnes aut graecum aut hebraeum aut arabicum aut chaldaeum aut denique latinum simul intelligunt, ita nil mirum si cuncti mantuanicum aut florentinicum aut bergamascum aut todescum aut sguizzarum aut scarpacinum aut spazzacaminum minime sciunt pariter intelligere. Ut quid ordinantur commentatores ac linguarum interpretes? Ut quid translatores? Proculdubio causa splanandi linguarum incognoventiam”. Bonora relaciona este texto con un juicio del filósofo Pomponazzi, contemporáneo de Folengo y famoso por sus lecciones universitarias híbridas, donde sí se afirma expresamente la identidad de valor de todas las lenguas (cf. ib., p. 82 n.1). Esta afirmación e silentio deducida de tal texto (“con tono paradossalmente polemico” decía en su libro de 1956 [p.80]) le sirve a Bonora para situar en un mismo plano de igualdad a todos los componentes del macarroneo.
 
5 Cf. E. BONORA, Le maccheronee..., p. 80
6 Cf. ib., p. 81
7 Cf. ib., p. 83
8 Con esta tesis vendrá a coincidir G. TONNA, “La cosiddetta “brescianità” del Folengo”, Atti Convegno 1977, pp. 144-152
9 Cf. E. BONORA, o.c., p. 87. Señalará posteriormente Bonora que fue su sensibilidad de artista la que llevó a Folengo a advertir que el mantuano no es un dialecto lombardo sino emiliano (cf. “Folengo e il mondo contadino”, Retorica e invenzione. Studi sulla letteratura italiana del Rinascimento, Rizzoli, Roma 1970[ 1968], pp. 76-77).