CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

domingo, 19 de noviembre de 2017

GIORNATE DI STUDIO SU TEOFILO FOLENGO a cinquecento anni dalle prime Macaronee (Scuola Normale Superiore di Pisa, 23-24 novembre 2017)




Los próximos 23 y 24 de noviembre se celebrarán en la Scuola Normale Superiore de Pisa las Giornate di studio su Teofilo Folengo a cinquecento  anni dalle prime Macaronee, organizadas por el prof. Luca D'Onghia. Participaré como miembro de un grupo de investigación de la Universidad de Cádiz dirigido por el catedrático D. José María Maestre con una conferencia en italiano titulada L'influenza folenghiana nella poesia maccheronica spagnola, y posteriormente en una tabla redonda en la que presentaré, junto a Otello Fabris, presidente de la Associazione Internazionale di Studi Folenghiani "Merlin Cocai", de la que me honro formar parte, una asociación de investigación internacional sobre la macarronea europea y extraeuropea en colaboración con la Universidad de Cádiz. 
Me siento también emocionado por la posibilidad de conocer en persona a otros insignes folenguistas conferenciantes, cuya obra leí con avidez a mediados de los años 90 para intentar entender mejor el abigarrado mundo que se encontraba tras Folengo y sus macarroneas; especialistas, pues, como Mario Chiesa, estudioso y editor de Folengo, Massimo Zaggia, excepcional editor de las Macaronee minori que tanto influyeron en mi manera de editar los poemas macarrónicos españoles, Lucia Lazzerini e Ivano Paccagnella, estudiosos, respectivamente, de los sermones híbridos tardomedievales y de los poetas macarrónicos prefolenguianos, así como de su influencia en Merlín Cocayo, y al pisano Luca Curti, genial discernidor de que la verdadera diferencia entre Folengo y sus predecesores se encuentra en el deliberado juego de personas literarias macarrónicas creado por el autor mantuano.

domingo, 12 de noviembre de 2017

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE "BALDO": Pelea de Berta y Lena (VI, 255-349)





Pero entretanto la esposa de Baldo, que Berta se llama,
sin su marido, sin bienes, y pobremente vestida,
es echada a la fuerza -¡qué pena!- de casa de Berto,
pues, según de los senadores el veredicto,
"teniendo Zambello la propiedad, propietario se llama".                 260
Mas Cíngar no abandona a aquella desventurada,
quien mala penuría tendría, o incluso el peligro sería
de que en un taburete, por ganarse la vida,
Berta sentada, tuviera la tienda siempre abierta1,
si Cíngar no la ayudara con sus consejos y obras.                         265
Aquella viudita amamanta dos hijitos gemelos,
e hila en la casa paterna, y así se gana la vida.
Montando en cólera, empero, por su pena excesiva,
tira al suelo el huso, y aparta a un lado la rueca,
agarra una barra gordota, y corre al lar de Zambello,                   270
al que jura dar bastonazos tan numerosos,
cuantos emplean para trillar la paja los rústicos.
¡Ay de ti, Zambello, si te encuentra en tu casa!
¡ay de tus hombros y espalda!: la cólera de la diabla
tráete, furibunda, la calamidad más terrible.                                275
¡Oh, qué buena suerte, que lejos estabas entonces!
Pero tu Lena, no obstante, tu esposa, digo, donosa,
que de tener se alegraba un mastuerzo como marido,
cuando ve a Berta viniendo hecha una fiera,
y villanías sin dejar de echar de su boca,                                     280
que quiere, tiene el propósito de zurrarle a la silla,
después que ocasión no dase de apalear el caballo,
ella también a un lado aparta prudente la rueca.
Lena, digo, viendo a la otra echándose encima,
presta se quita de su costado izquierdo la rueca,                          285
que había justo cargado de un grande rollo de estopa,
y mientras piensa en ponerlo rápidamente debajo,
y en agarrar al tiempo el rodillo de los hojaldres,
Berta, en llegando, comienza a darle gusto a la tranca;
Lena, carente de armas, corre veloz hacia el fuego,                      290
do pone la rueca y el lino; el fuego al punto la seca
materia prendiendo, estalla en una feroz llamarada,
cual presto hace fuego la culebrina que ataca murallas.
Berta, viendo crecer contra sí una hoguera tamaña,
vuelve la espalda, se va, se escapa, vuela cual pájaro,                 295
pues combatir contra el fuego es una enorme locura.
La otra, mil antiguas ofensas rememorando,
no menos la acosa, tal que el gavilán hace con la becada,
que huye de aquél, igual que la alondra de azor que la sigue.
Lena se afana en poner la lana ardiente en sus trenzas,               300
Berta grita: "¡Mi hermana querida, y dulce cuñada,
perdóname, desdichada de mí, perdona a tu hermana!"
Lena gritar la deja, quien, sorda a toda plegaria,
siempre más muestra tener orejas de comerciante.
Su diestra la rueca chisporroteante de hebras ardiendo                305
alta sostiene, y la zurda, corriendo, se afana en a aquélla
cogerla, bien por sus sueltos cabellos, caída la cofia,
o por las enaguas alzadas por obra del viento agitado.
Berta aún más se apresura, y ya algunas pavesas
siéntese crepitar por sobre su nuca desnuda,                              310
por eso se gira y sopla por apagar esa estopa,
pero estornudó su nariz rozada del fuego en su punta.
Corre entonces el doble en zigzag y en línea recta,
no de otro modo corriendo que gata poco doméstica,
a cuya cola le atan una tripa de cerdo,                                       315
en la que hay o tres o cinco semillas de haba.
Aquélla huye y oye las habas sonando a su espalda,
por lo que corre más, siempre la persigue aquella
tripa, y piensa que un hombre la viene detrás persiguiendo.
Finalmente, llegando Berta a cierta vivienda,                             320
grita auxilio, y quiere saltar un alto cercado
tejido con vencejos de sauce, y lleno de zarzas.
Y como un salto dio por saltar de la cerca la altura,
enganchose con su falda en aquellos espinos;
atrapada quedó con los pies mirando hacia el cielo,                     325
oscurecer logró el sol descubriendo su libro2,
y contra lo natural superó la luna al marido.
No parose Lena, quien la rueca caliente
en el eclipse hundió, que ya el mundo oscureciera.
Cuando la buena mujer sintió sus bajos ardiendo,                       330
por el dolor vencida, sobre la sopa humeante
sopla, y con su otra boca a la vez un pedo se tira,
que fue capaz de la rueca apagar con su fuerza ventosa.
Hecho lo cual, facilmente se libra de aquella maraña,
se asienta sobre sus pies, y, animosa ya el fuego apagado,          335
inclínase, y agarra Berta medio ladrillo,
y con enorme empeño a su cuñada lo lanza.
Lena, no obstante, con su agilidad esquiva la piedra,
coge la misma, y la tira al sitio de donde viniera.
Entre las dos, así pues, se alzaba la cerca de espinos,                 340
que Berta, saltando a pies juntillas, pasó por encima;
entonces, cogiéndose por las trenzas, con uñas entrambas
se zurran, se muerden, se arañan, y sin tijeras se pelan.
He visto a veces gallinas, o bien incubando sus huevos,
o por doquier llevando sus batallones de pollos,                          345
dar comienzo a una liza de garras y picos cruenta.
Como aparece con sus pechos doquier desplumados,
mientras se picotean y hieren con uñas filosas,
del mismo modo Lena y Berta casi se matan.







1Referencia a la prostitución.

2En glosa a T IV 337 se señalaba: Metaphora sumpta incantatoribus, qui magicum retegendo libellum solis radios obtenebrant. Alusión, indica Chiesa, a la creencia de que los brujos podían provocar con los encantos de sus libros de magia eclipses, causados a menudo por la luna. De ahí la doble metáfora que tiene como término real la vagina femenina.

viernes, 15 de septiembre de 2017

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE "BALDO": Zambello llega a la gran ciudad (VI, 67-157)








Viniera, entretanto, Tognazzo por orden del soberano
en el lugar de Cipada como una zorra pelada,
que, después de hacerles la pascua a las pobres gallinas,
la triste se va cuanto puede escondida entre las sombras,                70
y, agazapada, friega con su barriga la tierra.
Coge a Zambello, y a la ciudad lo lleva consigo,
dándole ánimos para que esté ya contento sobre ése,
al que desea que abra en canal, y le coma los hígados.
Luego lo instruye en la ruta, cual preceptor elegante,                       75
de qué reverencias debe hacer, de decir qué palabras,
cuando se exprese delante de las señorías sapientes:
tenga limpias las sus narices, y en modo ninguno
tenga de su cabeza rascarse piojos la idea.
Zambello nunca viera las estrepitosas ciudades,                               80
aunque Mantua ciudad lejana no está de Cipada.
Por eso, parécele estar contemplando el mundo completo,
cuando ve de lejos tantos montones de casas.
Hasta la puerta vienen juntos que es de san Jorge1,
cinco puentes es preciso pasar levadizos.                                         85
Zambello pasa adelante no sin mucha fatiga,
pues viendo a lo lejos tantas chimeneas humo echando,
y oyendo al unísono desde los campanarios enhiestos
sonar las campanas todas, mientras las nubes atruenan
(pues atronaban, por el siroco que el cielo macula),                          90
tira para atrás, dudando si el mundo abajo
entonces se viene, por el estruendo en redor resonante.
Pero Tognazzo lo arrastra igual que si fuera un ternero,
cuando no le apetece entrar en la carnicería.
Ya llega a la plaza, y con un pedazo tropieza de leño,                        95
pegase un resbalón, y da con el culo en el suelo.
El populacho se para a mirarlo como a majara.
"¿Por qué -pregunta Tognazzo-, por qué demoras el paso?
Como parece, bailar me toca con la más fea2."
Nada habla Zambello, de su mollera los pensamientos                       100
teniendo tan embrollados cual líneas de náuticas cartas.
Alzándose a la postre, andaba con pasos inciertos,
y por la ciudad caminaba cual si estuviese atronado.
Le asombra que haya tantas casas juntas reunidas,
tantas calles, tantas puertas, tantas ventanas,                                  105
tantos perros, hombres, mulas, y tantos caballos;
y mientras mira arriba, ya choca, ya se tropieza,
choca con la gente que pasa, tropieza en las piedras,
y con frecuencia se para a mirar un caballo que corre,
y los perros corriendo tras él por morderle la cola.                            110
Habla Tognazzo: "¿por qué, Zambello, así te sorprendes?
¿nunca has visto hasta ahora tales y tantas cosicas?"
Éste, tal que si estuviera en mitad del campo en su propia
brega de azada, respóndele con acento gallardo:
"¡Mi puta madre3!,¡qué extraordinaria resulta esta obra!                    115
¡Venga, Tognazzo!, te ruego, déjame ver un poquito.
Tan bellas chozas, tan bellas barracas lo que es yo mismo
nunca vi, desde que me cagó de mi madre la panza.
¡Oh, cuánto heno, y cuántos rastrojos en estos heniles
puede guardarse para cebar las vacas de engorde!                            120
¿Por qué, Tognazzo, no hasme traído aquí mucho antes?"
Mientras chilla tal cosa, hete que hermosas señoras,
bellas no por su propio esplendor, sino por maquillaje,
divisa cuando están mirando por sus ventanas.
Éstas presto, oyendo la voz del vociferante Zambello,                        125
dejáronse ver, como es costumbre de las mujeres,
de sus cabezas sacar afuera como tortugas,
y de asomarse a las ventanas al mínimo ruido.
Zambello se para a mirarlas, y de continuo un dedo
tiende hacia arriba, al tiempo también rompe a gritos: "¡oh, oh, oh!   130
¡por mis cojones! ¿ves, Tognazzo, a las hembras aquellas?"
A quien Tognazzo en aparte: "¿qué carajo te pasa?,
¿qué estás gritando, merluzo?", así diciendo muy presto
una puñada le da en costillas y bajo el costado.
Pero aquél grita más, y levanta más el dedo: "¡ay, oh, oh!",               135
-responde-, ¿ves, Tognazzo, estas reinas hermosas?
¿cómo es que brillan tanto? Me cago en diez que te digo.
Si miro a nuestras mujeres, sólo veo adefesios".
Desesperado entonces, el viejo presto lo lleva
a otra calle, y así le habla por lo bajini:                                            140
"Cierra esa bocaza, o te daré garrotazos.
¿Acaso te crees que estás, bobitonto, en medio del bosque?"
Esto diciendo, condúcelo al airoso palacio.
Finalmente, ante el Podestà se presenta Zambello;
nada más verlo de lejos, empieza a reír el gentío,                             145
pues estaba atronado, y en su mente abombado,
quemado del sol, y negro, harapiento y todo pringoso,
mostraba haber mil años dormido encima del heno;
su pelambrera de tiesos cabellos igual que un hisopo
se eriza de aristas de heno y de briznas de los pajares.                     150
Peine nunca la toca, sino almohaza de bueyes:
siempre con tiña, y largas entre sus pelos las uñas,
porque a aquél lo atormentaban piojos eslavos4.
Una zamarra lleva de grueso sayal desgastado,
que dudas si del revés está, o bien del derecho,                                155
y lleva de cañamazo una corta y estrecha camisa,
que sin jabón dos veces sólo al año remoja.















1Ad portam Sancti veniunt insemma Giorgi. Véase II 82.
2Ut video, ad Modenam ursum menare bisognat. Este llevar un oso a Módena es un proverbio que alude a una obligada empresa difícil, y sin recompensa. Señala Chiesa su origen en la obligación feudal existente en algunas zonas de Garfagnana de presentar cada año a los duques de Este un oso vivo.
3Potta meae matris, quam granda est ista facenda! El primer hemistiquio es señalado en glosa de la red. T como Blasphemia solita, sed tamen non vocanda blasphemia, siendo un exabrupto típicamente campesino. He preferido no optar por una traducción literal (coño de mi madre), para usar idiotismos hispánicos parangonables, como para el angonaia "inflamación de las ingles" y el cancar "cáncer" usados como exclamaciones rurales en los vv. 131 y 132.

4Namque molestatur schiavonibus ille pedocchis. Recuerda Chiesa en su edición la glosa de la red. Paganini (lib. IV, 312) a este verso: Pedogius sgiavonus est maior aliis, y señala que los inmigrantes eslavos en Venecia desarrollaban las labores más penosas.

martes, 8 de agosto de 2017

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE BALDO: Baldo capturado es llevado a presencia del tirano Gaioffo (V, 420-467)




Estaba patas arriba Mantua de tiempo por esa                               420
gran trapatiesta: el pueblo acude, y la hez de la plebe,
y no conociendo la causa, temblando, viene con armas.
Se jactan mientras de haber los esbirros vencido a Baldo,
y a las Señorías lo condujeron encadenado.
Dice entonces Gaioffo: "¡mal seas hallado, tunante!                        425
todas las cuerdas con que se arrastra una nave de Génova,
apenas fueron bastantes a doblegar tu violencia.
Este es ya el momento en que debes pagar el escote,
y justo es que dé de sí tu cuello en la horca."
No dígnase Baldo en darle ninguna respuesta al tirano,                   430
y el hombre magnánimo responder no desea al villano,
pero se reconcome en su corazón indignado.
Al punto, de sus heridas mana un gran lago de sangre,
y de esos mastuerzos ninguno allí con piedad se conmueve,
para ligar al menos sus venas ya faltas de sangre,                          435
y para llamar a algún cirujano experto en su ciencia.
En tanto, vuelve Tognazzo al sitio dando de voces,
descubierta la testa, sudando, maltrecho y su misma
joroba de friccionarse no deja, a palos medida.
Brama, y con sus enormes gritos rompe los techos;                        440
suplica que se le dé castigo en el acto al ribaldo,
y que al momento lo cuelguen del balcón más alzado,
por dar ejemplo con el ladronazo a otros ladrones.
Todos entonces están que revientan de risa sin freno,
viendo a un carcamal jorobado, y viejo cascado                              445
aparecer igual que, al representarse comedias,
muéstrase en los entreactos algo ridículo.
Ése se enjuga la frente con la camisa que cuelga,
y al muro pegado, se frota la espalda igual que un asnillo.
Cuidase, empero, de no acercarse mucho a Baldo.                          450
Pues teme que incluso encadenado se le abalance.
Manda el pretor entretanto que Baldo en lo más escondido
del gran torreón ligado sea de pies y de manos.
Así se llevan pues al desdichado que baja la vista,
al que circunda en redor y de cerca una selva de armas;                 455
pues seguro no tienen que capturar a tamaño
y tan importante hombre no ponga en pie a Cidapa,
y toda la población de Barbasso y la gente en Garolda1.
Más preocupa, empero, que la fuerza tenaz de Fracasso
levanta sospechas, quien todo el lugar de Poletto2 domina.              460
A Baldo, en fin, de la tierra en el centro, y Satán en el culo   
lo encierran, y ni de la luz del sol, ni lucerna un adarme
tiene, y tanta es la angostura de su mazmorra,
que no parece cárcel sino sepulcro podrido.
Allí gusanos, y sapos, ratones con escorpiones                                465
le hacen de compañeros, y juntos pasan la vida,
juntos se cambian razones, comen y duermen al tiempo.





1Burbassique omnes populos gentemque Garoldae. Pueblos al sudeste de Mantua (Faccioli).

2Suspecta est, cui tota subest campagna Poletti. Poletto es otro pueblo al sudeste de Mantua (Faccioli).

viernes, 7 de julio de 2017

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE "BALDO": LA CAPTURA DE BALDO (V, 154-370)





Desafiando el peligro de una posible emboscada, Baldo se presenta en el palacio de Mantua, donde es atacado por una muchedumbre encabezada por Tognazzo. Desarmado y herido de lejos, resiste heroicamente hasta que, derribado a traición y agotado de sus heridas, es apresado.



Ya del paladín se acercaba la portentosa figura:
todos temblaron mientras de lejos venía el guerrero.                   155
Viene solo, seguido sólo de un paje menudo.
Sube ya los mil escalones del magno palacio,
y entra en una sala capaz de albergar mucha gente.
Ruido allí y tremebundo estruendo oídos atruenan,
pues allá se trataban todos los tejemanejes.                               160
La innúmera turba de los notarios trescientos ocupa
bancos, emborronando de tinta resmas1 y resmas.
Acusaciones, y "citación", su severa palabra,
redactan, y vacían las bolsas de aquellos ilusos
que, metiéndose en pleitos, esperan ganar el litigio;                   165
y nunca, empero, mitiga la fiebre de la esperanza.
Muchos asuntos aquí ventilan diversas escuadras:
venteros, judíos, y campesinos a fuerza traídos,
esbirros, y corredores, vistas2 y de los nobles
procuradores, a más de rufianes y de bagasas3.                         170
La silla del juez se ve rodeada por la turbamulta.
Los abogados a gritos quebrantan el alto techado,
nada más hacen que Imolas, Giasones, Bartolos y Porcos4
citar en cólera, y zaherirse con dardos verbales;
mil villanías se intercambian sin contemplaciones,                      175
pero no son flechas, ni arcabuces palabras,
pues más que nunca después de hablarse resultan amigos,
y mutuamente regálanse con opíparas cenas.
De los campesinos corren ujieres por las fianzas,
y bastonazos muchas veces reciben por prenda.                         180
Vense rústicos por la mañana sin las azadas
dando vueltas por toda la plaza con papelotes.
Fulano denuncia, zutano demanda, mengano es prendido.          
Forzados se ven a vaciar sus bolsas de pocos reales;
pues si no desembolsan, los mandan sin más a la cárcel.             185
Sólo se mueven aquí por aquello que llena la bolsa.
A todos apremia en verdad la pasión desmedida de lucro.
Llega Baldo, en quien de Reinaldo la ardida presencia
brillaba, e hizo temblar de arriba abajo el palacio.
Viera la entera ciudad de armados soldados repleta,                   190
lista para atraparle por meterse en la trampa,
o bien esperándolo para ponerse a sus órdenes.
En su interior desconfía, y mira mucho a los lados.
¡Ay! pues nocivas son las traiciones a los campeadores,
quienes filan derriban sin orden en un solo ataque,                    195
pero basta un traidor solo para vencerlos con trampas.
Igual que el león que fiero muerde jabatos y osos,
a veces lo mata el mínimo diente de la comadreja.
Había un hombre escondido tras una gruesa columna,
y vigilando a Baldo, la respiración contenía;                              200
de hecho así el tirano había urdido la trampa,
y un premio bastante grande habíale prometido.
Apenas había, pues, pasado Baldo la puerta,
hete que el traidorzuelo le iba detrás de puntillas,
como de noche el ladrón suele andar calzado de fieltro;            205
sobre la punta digo que de sus dedos andaba
doblado, y mientras con suma cautela de Baldo el costado
izquierdo rebasa, el puño ve de su espada mostrado,
y afuera saliendo, bien al alcance de las sus garras.
Presto, pues, estira la mano sin ser notado,                             210
y con la presteza con que un gato ratones atrapa,
así sacó la espada del interior de su vaina.
Pero la buena fortuna de los traidores es breve,
no dura mucho tiempo la suerte de los desleales.
Huyendo aquél cargado de un tamaño tesoro,                          215
mientras piensa que libre está de todo peligro,
hete que Baldo se pone a correr, y alcanza al ribaldo,
al que una patada da con tanta rabia en el culo,
que el mísero, en vuelo por una ventana por caso abierta,
cayó de cabeza de una altura de más de cien pasos,                220
y encima del empedrado quedó como una tortilla.
Mas este fin vergonzoso fue poco útil a Baldo,
pues al mismo tiempo perdió al esbirro y la espada5.
Entonces un seguacillo se lanza, y sacando una daga,
osa, el majareta, atacar a tamaño guerrero.                           225
Mas Baldo, saltando atrás, y luego adelante ligero,
le dio puñada tal a éste en la oreja derecha,
que todos los dientes cedieron de las entrambas mandíbulas,
y éste, cayendo redondo, rompióse la testa en el suelo.
En ese momento álzase en armas la turba bravosa,                230
al descubierto queda el engaño, y la estratagema,
gritan: "¡eh, venga!, ¡dale y para, en guardia, recula!
Al fin la corneja vieja presa ya está en el visco6;
cayó el ratón en la trampa; ¡quieto, carne de horca!
Quieto pues cual ladrón deseamos ponerte grilletes".             235
Así aullando se amontonan encima de Baldo
con trancas, viguetas, con los bastones, y con garrotes.
El desdichado Baldo ve que ayuda no tiene,
y no tiene siquiera por caso ni medio zurriago,
y bastonazos sin cuento recibe de aquella canalla.                 240
Así como puede, saltando de un lado y de otro, resiste,
y da tremebundas, mientras va por el aire, puñadas,
y baba sanguinolenta salió de su boca rabiosa.
Ya había volcado todos los bancos de los notarios,
y a muchos había cascado el molondro tirando tinteros.         245
Tognazzo, que ya al estrépito había aguzado el oído,
hete que por la puerta entra seguido de esbirros.
Al punto allí desenvainan mil espadas de vainas,
que silban en torno a Baldo, y al rededor lo circundan.
Mas él saltando fuera de un salto así se libera.                      250
Tognazzo, su escarcina7 empuñando, llega el primero,
y ataca el primero a Baldo, así gritando su boca:
"¡Quieto! Estás ahora donde nunca pensabas,
¡date preso, bandido!, ¡quieto, digo, ribaldo!,
¡ríndete a mí!, ¿de qué bravuconeas aún esta hora?              255
¡ríndete a mí!, si no, te tiro una estocada."
Baldo, tal escuchando, escupe negro veneno,
y se reconcome de cólera en su pecho indignado.
De un portador de vino se pone al lado entre tanto,
al que de un puñetazo tumba aturdido por tierra,                 260
y de sus manos toma con fuerza la barra de roble8;
con que sintiéndose asaz firme, salta adelante,
y con la mano izquierda calando celada en la frente,
y cofia9 de hierro a la que, ligera, cubría un birrete,
y con la diestra el bastón empuñando, espumante la boca,   265
a aquéllos de entorno empezó los moscones a espantarles.
Poco a poco se hace fuerte en cantón bien seguro:
igual que el oso lleno de garras cuando de muchos
canes corsos10 y lanzas jinetas11 se ve rodeado;
de pronto divisa anguloso rincón apto para defensa,            270
que por la fuerza toma, y allí, firme, garras filosas
blande, de modo que nunca se pueda desalojarlo;
así hace aquel guerrero curtido en batallas sin número,
al que, empero, a fuer de mosquetes y de ballestas
de lejos avizorando podrían haber liquidado,                       275
mas vivo quiérelo el Podestà12 a toda costa en sus manos,
porque cien muertes padezca al hondo de torre Predella13;
Tognazzo le grita: "¿Por qué todavía, tunante, resistes?
Mira que ya de la horca el lazo tienes al cuello.
Ni de Fracasso la fuerza, ni de Cíngar astucias                    280
pueden prestarte ayuda, ni todo el vigor de tu raza."
Así se expresa, y blande su daga con todo su empeño,
que no habría quitado la vida de un cuerpo de pulga.
Repélela Baldo, empero, con su bastón esgrimiendo.
Responde aquél, furibundo, a reveses y tornavirones;         285
mas Baldo que esgrima, como doctor en el arte, enseñaba,
mientras Tognazzo insiste en atacarlo en tal modo,
con el robusto bastón asestó un revés imponente,
y en cien pedazos voló hecha añicos su breve escarcina14;
por lo que Tognazzo dale la espalda en huida, mas Baldo    290
le limpia de polvo la chepa machacándole a palos.
El tal a gritos se desgañita: "¡ay!, ¡presto, ayuda!,
¡ay, mi cabeza!, ¡mis hombros!, ¡ay, que me muelen la espalda!"
Más en cólera, empero, Baldo a placer le apalea,
y en nada piensa que darle una tunda a Tognazzo no sea;  295
éste huye, y mientras quiere bajar la larga escalera,
entonces Baldo patada le da en su espalda gibosa,
por la que rueda aquel desgraciado al peldaño primero,
y de la sala hasta el fondo giró igual que una bocha15;
con tal caída rompiose del pecho la grande costilla.           300
Mas para que Baldo no huyera, seguíalo toda la gente,
a quien volviéndose ya, a dar bastonazos con ambas
manos se apresta; como cuando en tiempo de estío
llevando a la boca con harta frecuencia el villano la bota,
menea los brazos robustos, y vuelto así un forzudo,          305
saltar hace granos de las espigas de trigo batidas.
Allí quebranta hombros, sesos, brazos, y piernas,
y hace volar fragmentos de lanzas al elevado
artesonado áulico, "tic, tac" sonando su tranca.
En medio de aquéllos salta, hiere, embiste, derriba,          310
se gira en redor como rueda redonda de los molinos.
Mas viene escuadra de gente más grande de lo que se usaba,
de azagayas un bosque tira, y no cesa al guerrero
de, desarmado, lanzarle con gran barahunda venablos.
¡ay! ¿cuál puede ser el vigor en un cuerpo cansado?         315
Ya de escapar a Baldo esperanza poca quedaba;
la mente invicta, empero, no por ningún aunque grande
miedo de muerte sucumbe, con tal que la vida se embarque en
empresas dignas de ser celebradas con loas eternas.
Es lo adecuado al ladrón con razón dar el cuello a la soga, 320
eslo del batelero ahogarse, y ser pasto de peces,
eslo del mercader perder tras la bolsa la vida,
eslo de los prelados morir a diamante molido16,
eslo de los pordioseros volverse festín de piojos,
así también del soldado es honor y fama gloriosa              325
no corromperse en el juego y el vino, y con putas refeas,
si no por picas mil, o guerras, o alborotos,
cien, si tantas tiene, vidas dar por la gloria.
Mira de Baldo también de lanzas y espadas calado
su cuerpo, y a modo de un hontanar sus heridas un río     330
de sangre echan fuera; la cual derramada, el vigor a cansados
músculos ya desampara, y como candela que arde
poco a poco, al fin llegada al verde17 se apaga.
Cuanto, empero, agita su tranca, a uno desloma,
y de vez en cuando dos hombres (no digo bocales),          335
y sobre los muertos de mil moribundos hace una pila.
Seis horas y más en aquella guerra perseverara,
Baldo a quien más y más el valor con bravura espolea.
Huyen todos al fin de los golpes de su garrote,
y muchos perros a sus espaldas parece que tienen.          340
Sorprende que de un brazo tan duro la fuerza así tanto
intacto guardara el garrote con que afrontó la batalla;
pero igual que la cuerda se rompe de tanto estirarla,
así al final sucumbe la tranca a la harta fatiga.
Mientras el paladín poderoso sobre la cabeza                   345
a un gigantesco gañán golpea con todas sus fuerzas,
y lo despachurra al modo de un requesón tiernecito,
la maza saliole volando, ciento hecha pedazos.
En ese momento todos le asaltan, se agolpan, y a Baldo
ya desarmado, y ya de heridas doquiera cubierto             350
quieren cogerlo: cárganlo de cadenas y cuerdas,
y lo envuelven, taimados, en una maraña de nudos.
El rey apremia y muchos padres de los del senado
animan a los esbirros, gritando: "¡cogedlo con vida!,
¡con vida tenedlo!, ¡sea llevado a la cárcel con vida!,       355
¡con vida lo descuartizen!, ¡y al fin que lo quemen con vida!"
Baldo, empero, se enciende rojo de ira en su rostro,
y a nada atiende, y no otra cosa tiene en la mente,
sino romper con sus dientes y uñas cuerdas y lazos,
que ve infinitos tender en torno de su persona.               360
Al fin por una pierna lo agarran; de la manera
que los estableros intentan con mucho sudor a un caballo
terrible por sus mordiscos y coces tumbar boca arriba,
y los asistentes se pasan de mano en mano las cuerdas,
y el jaco cae supino, doquier fuertemente ligado,            365
y ya no puede más dar de coces el empecinado,
así a Baldo lo prenden; primero, con dolo por una
pierna por detrás, y por la otra presto, y al punto
le cargan hombros, brazos y pies de cadenas un ciento,
con las que lo ligan desde el cuello hasta los calcaños.    370











1Conjunto de veinte manos de papel.
2Sbirros, sensaros, daciaros nobiliumque. Empleado de aduanas a cuyo cargo está el control de las mercancías.
3Sollicitatores, rofianos atque bagassas. Prostituta.
4Nil nisi Iasones, Imolas et Bartola, Porcos. Enumeración de juristas: Giason del Maino (1435-1519), Alessandro da Imola (1424-1477), Bartolo da Sassoferrato (1313-1357) y Gian Cristoforo Porco (s. XV) (Chiesa).
5Zeugma con perdere: qui pariter sbirrum pariter quoque perdidit ensem.
6Ad vischium cornacchia vetus iam denique presa est. El visco es una masa para cazar pájaros.
7Véase IV, 256.
8Deque suis manibus mazzam de robore scarpat. Aquélla en la que se apoyaba el portador de vino al caminar, según Chiesa.
9Secretamque illam, quam finam bretta tegebat. Birrete almohadillado, a veces con armadura de hierro, que se llevaba debajo del yelmo.
10Famosos por su ferocidad (Chiesa).
11Véase IV, 30.
12Sed vivum in manibus vult illum omnino Potestas. El podestà era el nombre dado al primer magistrado en las ciudades del centro y norte de Italia.
13Véase II, 408.
14cf. supra v. 251
15Ac usque in fundum rigolavit more borella. La bocha es una bola de madera usada en el juego homónimo.
16Est praelatorum trito diamante necari. Véase II, 328.

17Paulatim ad virdum tandem arrivata stuatur. La base de las candelas se pintaba de verde (Chiesa).